El equipo necesita reencontrarse a sí mismo tras unos últimos partidos en este año 2015 bastante espesos en el juego. Esa forma de mover el balón con profundidad, que nos enamoró y que hizo plantearse si era uno de los mejores conjuntos que había en la historia del fútbol reciente, se ha tornado en apatía y desidia. Los motivos son dispares. El cansancio físico de ciertos jugadores que llevan el timón madridista, también alguna inoportuna lesión o por la falta de rotaciones de Carletto, que pueda derivar en la temida acomodación de sus pupilos, el ritmo en el campo ya no es el mismo de hace unos partidos. A pesar de ello es necesario confiar en Ancelotti, debido a que sólo él y sus ayudantes saben el estado de forma real y lo que puede dar de sí el depósito de gasolina de estos jugadores. No pueden estar a tope de energía todo el año y el plan físico debería estar encaminado a llegar perfectos a la fase final, donde se deciden los títulos.
El Barcelona de Guardiola jugó prácticamente con 14 jugadores toda la temporada y le dio para conseguir 6 títulos. Nosotros jugamos con 12 como mucho, también hay que decirlo, pero estando a mitad de temporada no parece que pueda ser ese el principal problema del equipo. El varapalo que supuso la lesión de Modric sí que se puede achacar como una disminución del movimiento de la bola y la transición del medio campo con el ataque. Luka es un pelotero al cual se le valora menos de lo que se debería. Es muy notoria la contribución del croata en el engranaje madridista, pieza fundamental para que la maquinaria blanca vuelva a carburar. El bajón de jugadores como Kroos, Cristiano (le va a venir bien el parón de dos partidos de sanción), Benzema, Ramos y Marcelo se hace patente en resultado y juego. Son demasiados dentro del once y el conjunto lo acusa sobremanera. Isco, nuestro jugador más en forma, no puede ser aún la estrella sobre la que gire todo el juego merengue y a la vez remangarse en tareas defensivas.
Desde el banquillo Illarramendi y Khedira no aportan gran cosa al centro del campo, y eso Carlo lo sabe de sobra. Esa es la razón por la que no les da ningún protagonismo, excepto cuando el jugador al que sustituye está medio moribundo, como un soldado desángrandose en mitad del campo de batalla. Minutos de la basura que no hacen otra cosa que quitar confianza al futbolista y mermar mentalmente al resto de integrantes del banquillo. Lo más lógico es que salgan los dos de la plantilla, más pronto que tarde. La llegada del brasileño Lucas Silva les mete prisa enseñándoles la puerta de salida. Es probable que como sepa conservar la pelota, juegue más minutos que ellos desde ya mismo. Gente como Jesé, Varane, Nacho y Chicharito son más que válidos para darles algún partido sin que el equipo se resienta, porque dadas las circunstancias, pondrían mejores mimbres en el cesped.
Se están haciendo las cosas realmente bien en materia de contrataciones desde los despachos del Bernabéu. Si hace no mucho cayó Marco Asensio (prometedor futuro el de este chaval), ahora el Madrid se ha hecho con los servicios de Martin Odegaard. Tras una encarnizada puja por el mediapunta noruego entre los clubes más potentes del continente, Florentino se ha llevado el gato al agua. Suenan además nombres como el portero argentino Batalla, la perla egipcia del Milán Mastour y el lateral izquierdo valencianista Gayá. Por un coste asumible para la entidad de Concha Espina, se está fichando jóvenes valores españoles e internacionales con gran proyección en el mundo del fútbol. De los cuales, como mínimo, se sacará por ellos el mismo importe por el que fueron contratados. Si funcionan, tienes una estrella en ciernes o uno más que aporte al equipo, si no es el caso, marcharán con viento fresco sin prácticamente pérdidas en las arcas madridistas. Es un negocio fenómeno y es necesario aprovechar el tirón que posee el Real Madrid para captar estos diamantes en bruto.