lunes, 25 de enero de 2016
El retorno de Zidane
Llevamos sólo tres partidos con el nuevo entrenador francés, dos goleadas fáciles en casa, un empate fuera; todo ante equipos menores. Sea lo que sea esto, es un comienzo. Aunque sí es cierto que algo ha cambiado en ese vestuario caprichoso y viciado de males. Ha quedado claro que no tragaban, ni con los métodos de Benítez, ni con el propio míster madrileño. En su haber queda el intentar reconducir a esta plantilla a convertirse en un verdadero equipo de fútbol. El problema es que no ha podido, ni por asomo. Tremendamente complicado es lidiar con jugadores como Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos, a los que nadie les puede toser y que llevan la voz cantante dentro del vestuario. Me ratifico en asegurar que son el principal problema y que nos están pasando una factura difícil de asumir. Como decía en la anterior entrada, Zidane es la única vía de escape del letargo merengue. De verdad, que a pesar de los inconvenientes, quiero creer que podemos optar a algún título. Sin embargo, mi estado de pesimismo actual me hace ser más precavido de lo habitual.
Lo poco que se puede analizar de Zinedine Zidane como entrenador hasta el momento, es que su figura ya impone respeto entre sus jugadores. Sinceramente con esta plantilla, es tener la mitad del camino recorrido. Esa interacción con los futbolistas y su carrera como el auténtico crack que fue, le da derecho a hablarles de tú a tú sobre el cesped y hacerles entender los conceptos de forma clara. No hay ningún jugador suyo que atesore los títulos de Mundial, Eurocopa, Champions, Liga y Balón de Oro. Desgraciadamente, esto sí que lo valoran los jugadores, a la hora de comprender lo que les exponen, porque fue uno de los suyos. Nadie va a pasar de él, ni le harán un desplante al ser sustituido, sino que atenderán sus instrucciones al dedillo sin rechistar. No parece del tipo de persona que se amilane ante la adversidad, ni que le tiemble el pulso. En cuanto a su estilo, es claramente 'ancelottista', que para eso se ha criado bajo su manto. Llevar la posesión y el juego, más pausa quizás y menos velocidad en contragolpe. No me disgusta, siempre que sepa encajar a cada uno en su posición y les saque el máximo partido.
Sin embargo, ya me ha decepcionado no dejando fuera del once a Cristiano Ronaldo. Actuación calamitosa tras actuación calamitosa, va desquiciándose cada vez más. No descarten una expulsión en breve por alguna agresión sin balón. Es el peor de los que salen a jugar con diferencia, ya ha perdido hasta el olfato goleador. No le queda nada, excepto sus pataletas de niño pequeño, sus quejas a los árbitros y sus faltas a la barrera. Definirle como horrible es quedarse corto. Seguirá marcando a equipos débiles de vez en cuando, pero cuanto antes se pueda prescindir de él mejor. No suma al conjunto y que esté sobre el campo no hace más que ir en nuestra contra. Jugadas que no terminan por su incompetencia a la hora de regatear, controlar o pasar un balón, además de no ayudar en defensa. El ocaso de su carrera está cerca y desde el club no se supo (o no se quiso) ver a tiempo. Nos quitamos a Casillas tras un par de temporadas de fallos lamentables, ¿cuánto tendremos que aguantar al portugués egocéntrico? y sobre todo, ¿a qué precio? La Liga la doy por perdida, pero si no ponemos las cartas sobre la mesa, también veremos a dos equipos en la final de la Champions y ninguno de los dos será el Real Madrid.
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Compruebo que tiendes a buscar un responsable de las derrotas o, como en este caso, de las no-victorias del equipo. Antes fue Bale, también Benzemá cargó con alguna culpa, y ahora es Cristiano el cabeza de turco. Insistes en situar el problema en el vestuario. A este tópico se han agarrado siempre la mayoría de los aficionados. Seguidores y comentaristas recurren a ese lugar común, sin tener en cuenta el daño o el beneficio que el entrenador puede hacer al colectivo y a todas y cada una de sus individualidades. Me atrevo a afirmar que los vestuarios siempre han tenido y tendrán una “voz cantante”, sobre todo cuando no cuentan con un entrenador con suficiente personalidad, carácter, o competencia para saber imponer su criterio. Respecto al caso Cristiano, no vendría mal que contabilizásemos, de las continuas entradas en falta que prodigó el Betis, cuantas se llevó Cristiano. Por otro lado, si tenemos presente, por poner un ejemplo, que James e Isco tuvieron una actuación que es mejor olvidar, me parece injusto hacer recaer sobre el portugués el motivo de los dos puntos perdidos. No todos tienen la habilidad histriónica de un maestro como Raúl para hacer que hace. Por cierto, ayer los madridistas tuvimos que tragarnos una nueva pildorita de este jugador “legendario”. Declaró que se alegra de las victorias del Barcelona. ¿Cabe mayor felonía?
ResponderEliminarSi hay una cosa que me caracteriza, es ser sincero y opinar con imparcialidad. Si Messi es el mejor se dice, si Neymar me parece que será Balón de Oro, pues también... y desgraciadamente para nosotros, si Cristiano es un mojón, hay que hacerlo ver.
EliminarEn cuanto a Isco, la segunda parte me pareció sobresaliente en su labor, es más, en ese partido recuperó 13 balones, más que cualquiera de los que estuvo en el campo. Y para más inri, fue el que menos pases falló (61 de 66). Tengo que alabar a Zidane por colocarle de interior zurdo, un acierto. James fatal, eso no lo discuto.
Y tu 'querido' Raúl, estuvo más politicamente correcto de lo que debiera, ya que ahora ocupa un cargo de embajador en la Liga. Pero mal hecho también.
Saludos.
Tu sinceridad está fuera de toda duda. Tus análisis son coherentes y se sustentan en una base de observaciones concretas muy válidas. No obstante, algunos de tus juicios sobre determinados jugadores son consecuencia de seguir pistas equivocadas. Sólo te daré un ejemplo: el día que Messi gane un mundial o tenga actuaciones en Sudamérica como las que tiene en la liga española, y sin ir tan lejos, el día que se gane a la afición argentina, podremos hablar de él como el mejor jugador del mundo (¡ojo! de esta década) La historia del fútbol es también la historia de los equipos y los jugadores sobrevalorados. La razón es bien sencilla: forma parte del negocio.
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